No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo. - Voltaire
Le he estado dando vueltas al asunto de las elecciones y mirando de qué manera ha cambiado el entorno. Ha llegado a ser un Déjà vu, ahora aderezado por la inmediatez que representan las redes sociales.
Hace seis años, el tema daba para algún que otro enojo en tertulias, comidas familiares, correos electrónicos cadenas y no pasaba de algunos gritos y miradas de repruebo y cejas alzadas de sorpresa. Pero hoy, la cosa es diferente.
Facebook y Twitter se convierten en el lavadero binario. Hoy, alzo las cejas al ver cómo familiares y amigos defienden a su candidato, a espada más que a capa, y se llevan de calle años de relaciones humanas. Con vergüenza leo comentarios en los que tachar de nacos, pejezombies o acarreados es lo políticamente correcto. El proyecto de tweetbalas no debe de darse abasto ante tantos tweets discriminatorios.
Hoy, formo parte de ese porcentaje que llegará con la cara de what a la urna el 1ero de Julio. Por primera vez, no sé por quién voy a votar. Ninguna propuesta me convence, no creo en ningún candidato, no soy partidaria de votar por el menos peor y no quiero anular mi voto.
¿En qué momento se jodió todo? ¿En que momento la intolerancia se volvió la bandera de la justicia? ¿Por qué el insulto se convirtió en la voz de la razón? ¿En qué momento nos sentimos superiores a otros?
Creo que una de las semillas que genera tanta intolerancia deriva de la siguiente premisa: el mexicano no sabe debatir. Hace unos meses leía el siguiente artículo sobre un debate entre el obispo de Canterbury y Richard Dawkins, uno de los más geniales ateos, debatiendo no menos que la Teoría de la Evolución. Los ingleses tienen una larga tradición de clubes de debate siendo los más famosos en Cambridge y Oxford. ¿Y en México? ¿a alguno de ustedes les tocó clase de debate en la escuela? Creemos que el debatir es sinónimo de te voy a demostrar qué tonto eres porque no piensas como yo.
No pretendo pecar de moralina, pero pretendo sí subir un poquillo el nivel de la conversación. Dejemos de descalificar al que no piensa como nosotros. Hagamos lo que podemos al hacer un voto informado. Aplaudamos los atisbos de civismo y de libre expresión. Y si lo que queremos es quejarnos, hagamos algo al respecto. Puede usted dejar de consumir telebasura, puede dejar de comprar periódicos que mienten, incluso puede usted votar por quien le plazca.
Pero por favor ¡por vida suya! no le escupa al vecino por ser rojo, amarillo o azul. Porque el 2 de Julio tendrá que verlo a la cara, ¿y sabe qué? seguro seguirá viviendo junto a usted.





