martes, 3 de abril de 2012

The Wonder Years

Didn't your mother ever tell you not to play with your food? Zazú (The Lion King)

Hace unos días mientras realizaba con maestría el arte del zapping, miré una escena de la película 'Elsa & Fred". Para aquellos que no la han visto trata del amor que se desarrolla entre dos ancianos: él aburrido y esperando morir de cualquier enfermedad que él tiene en la mente y ella disfrutando la vida. En algún momento de la cinta, los personajes van a un restaurante y al disfrutar un postre Elsa le dice a Fred que le meta el dedo al pastel y se lo chupe, a lo que él se niega diciendo que 'es una falta de educación'.

En 'Patch Adams' cuando una paciente pierde las ganas de vivir, Patch para reanimarla le concede su deseo infantil: jugar en una alberca de fideos. Clásico momento hollywoodense que seguramente a más de uno se le antojó.

Esto me dejó pensando en el momento en el que crecemos, perdemos imaginación, ganamos reglas y dejamos de divertirnos al comer. Recuerdo que lo que más me gustaba que me dieran de comer era sopa de letras, y el momento de ir pescando para 'escribir' al filo del plato, convertía el comer en una mini-aventura. También me viene a la cabeza el ritual infalible de cómo comer una galleta Oreo con leche, o el ir comiendo capita por capita una galleta barquillo de Mac'Ma. 

Hace cosa de unos meses, en una comida memorable, el chef Manolo Najera contaba cómo el chef Grant Achatz había hecho un menú para un Pop-up en su restaurante Next. El cual se basaba completamente en los recuerdos de la infancia ochentera para muchos treintañeros. El menú incluía joyas como recibir tu comida dentro de una lonchera, comer el tradicional Mac 'n' cheese, y hasta el chef disfrazaba en la comida coles de Bruselas para que te gustarán! (Pueden leerlo acá). 

¿En qué momento llegó? Ése... dónde las formas en la mesa y la mirada de otros comensales nos lleva a guardar la compostura y el ver con nostalgia como el merengue de una tarta se queda esperando a ser sólo tocado por el frío tenedor en lugar del dedo juguetón.

¿Cuándo jugaremos de nuevo con la comida? Les pido compartan ejemplos de lo que ustedes hacían al ser niños y que ahora recuerdan con nostalgia. Como ejercicio de 'relajación gastronómica' les propongo esta fácil premisa: juega con tu comida.

Hagamos algo más allá del conmemorar el Mes del Niño cambiando el avatar por una fotillo infantil, mejor volvamos a la infancia... seguro que lo pasamos mejor.



3 comentarios:

Verónica dijo...

Dicen que la gente escribe como habla. En tu caso no podría ser más cierto, querida Issa. Tienes letras ligeras, bien-vibrosas, de sangre liviana, que caen bien, en fin.... muy tú.

Estoy de acuerdo con tu premisa y recuerdo que eso de escribir en la orilla del plato también era un placer infantil.

¡Volvamos a la infancia! o mínimo a los tiempos en que hacíamos Sabayón mientras yo babeaba por Ismael.... ok no!

Besos!

Nerea dijo...

Yo confieso que sigo siendo un "caos" en la mesa: destripo las pizzas quitándoles capa por capa hasta que me queda masa con salsa de jitomate encima como último bocado, sigo robándome la lechuga de la ensaladera como si fuera botana antes de la comida y me como los gansitos y los chocotorros tratando de ver si finalmente consigo quitarle con los dientes toda la cubierta, luego el relleno y que quede, intacto y maravilloso, el pan solito al final (nunca me ha salido, pero no pierdo la esperanza). Como el ramen con ohashis batiéndome toda y llenándome de caldo la cara y, amenos de que ya gotee demasiado, no paso la servilleta por mi rostro hasta que termino mi plato :)

Comer se me hace algo bien divertido, con cierto dejo de picardía, y si bien procuro que mi hijo sepa no actuar cual macaco en algunos lugares, tiene más que permitido empinarse la leche del tazón de cereal en vez de tener que tardarse siglos con la cuchara (también aplica para sopas). Y espero que tanto mi peque como yo podamos seguir con esa complicidad deliciosa al comer que tenemos ahora :)

rojo/mon dijo...

que padre!