Tenía pensado escribir éstas palabras a partir de una iniciativa que ví en Facebook en días pasados. Es un evento que dice que como no hay nada que festejar el 15 de Septiembre (Día de la Independencia en México) a partir de todos los hechos de violencia que se registran en el país, lo que se propone es que ninguna persona asista a algún festejo en plazas públicas como comúnmente se realiza ésta noche.
Lo leí y no estuve de acuerdo con ello, porque no obstante Calderón es el peor presidente que México ha tenido (y eso que la competencia es seria), me molesta que el enojo de la población no se dirige en torno a los narcos, si no hacia las figuras del gobierno.
Para nadie es secreto que Calderón destapó la cloaca, pero el imbécil no tenía ni equipo para controlar a las ratas y demás pestes que de ella emergieron, ni se realizaron todos los elementos necesarios para enfrentarlos. Hablo de una policía con mando único como en Colombia, no sacar el ejército a las calles sin tener ellos el entrenamiento adecuado para estar en territorio civil. Calderón se quejaba hace unos días de la corrupción de los jueces porque dejaron suelto al ex-directivo de la CFE por actos delictivos. Pero lo que Calderón no hizo fue mentarle la madre también públicamente a la PGR por armar de nuevo el caso más pinche para permitir que saliera en la más obscena libertad.
Cuando leí esa iniciativa de no ir a los festejos populares, no me lo tomé muy en serio. Sólo pensé para mí, esa no es forma de demostrar que estas enojado.
Luego hoy recibí un mensaje de una amiga muy querida que nos pedía sus oraciones porque asesinaron a sus tíos en Zacatecas. Al llamarla y apachurrarme el corazón por su voz entrecortada y contarme que fue a mano de los zetas, me dio la peor rabia. Y me dieron ganas de salir a mentar madres y ponerme a llorar de impotencia.
No es secreto que México está peor que nunca. Y no es secreto que los mexicanos preferimos culpar y señalar al vecino antes de asumir nuestra responsabilidad. No hablo de salir a las calles y tomarlas. Hablo de hacer las acciones que civilmente podemos realizar. Hablo de algo tan sencillo como no dar mordidas, y no comprar piratería.
La piratería, si no lo sabían ha dejado de ser un negocio de Tepito de antes, a ser un narco negocio. Cada vez que compras una película pirata no te vuelves "un papa pidata" como nos lo señalaban los anuncios más idiotas que nos ponen previo a que veamos una película en DVD. Cada vez que consumes piratería te conviertes en un cómplice. Así de directo y sin escalas. No me vengas con es que los discos están muy caros, es que ya pareces Metallica vs. Napster. No tengo nada en contra de que bajes música o películas por internet. Pero no lo compres en la calle, porque se lo estas comprando a ellos. Aunque veas el puestecito con la mamá y los hijos que hasta ternura te dan, no lo hagas. Y quítate esa pinche mentalidad de "Ay no pasa nada si lo compro, si lo hago, T-O-D-O el mundo lo hace ¿no?"
Y si se te olvidó pagar una multa, te pasaste un alto, no pagaste la verificación. Pues sabes qué ¡chin, con la pena pero al corralón". Esa otra mentalidad de ver el camino más cómodo posible nos ha llevado a ver en la corrupción un hábito normal, como si no pudiéramos luchar contra eso, y peor aun cómo si no estuviera en nuestras manos.
Sé que lo macro hace palidecer a esto micro que propongo. Pero ¿sabes qué? estás haciendo algo. Piénsalo.
Dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, y recuerdo con mucha nostalgia cuando podíamos agarrar un coche e irnos por carretera hacia dónde nos diera la gana. Cuando el escape chilango a Cuernavaca o Acapulco era una cosa de muchos fines de semana. Dónde tu única preocupación era qué ibas a empacar, qué lugares querías visitar y a quién ibas a invitar. Hoy es saber que el ir por carretera a alguna ciudad es jugar a la ruleta rusa, dónde no sabes si regresarás vivo.
Hace unos años me fui a apoyar al equipo de la sirena que abría sus primeras tiendas en Monterrey. Fue mi primera vez en el estado, y me maravilló la ciudad, su gente, la comida y la civilidad. Hoy mi tía vive allá y damos gracias de que la ruleta rusa no los ha tocado. No imagino estar en un lugar dónde un día debes correr y refugiarte en el baño porque hay balacera justo afuera de tu casa.
No pretendo cambiar al mundo, sólo quiero dejar de tapar el sol con un dedo. Mis pensamientos están con esa familia queretana/zacatecana que tanto quiero y tanto me ha demostrado su cariño. Hoy les tocó a ellos, y espero el día en que Calderón asuma su responsabilidad, pero también espero el día en que nosotros asumamos la nuestra.
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